hay días

un mes después

Los perros me siguen ladrando al pasar,
las personas me siguen gritando al pensar.

El viento mueve las hojas a la vez que me despeino 
para recordarme que sigo siendo persona,
a pesar de estar medio vacía (o medio llena),
a pesar de ser cuerpo sin vida.

Hay días que las cicatrices dejan de pesar
y hay otros que te gustaría abrirlas para sentirlas de nuevo,
como castigo por recaer en la inquietud y miedos 
de siempre.

Sin embargo hay otros días en los que la risa ajena se contagia hasta tal punto de que tienes que sonreír tu para compensarlo. Bajo la ventanilla del coche para apoyarme en ella y mirar su rostro. Quizá algún día pueda entender que esa carcajada me suma vida y me resta preocupaciones. Que el olor a tabaco no importa si viene de él, y que la vida puede ser más bonita con un helado y un atardecer. 

Mamá, me quedan días para volver a donde soy persona,
no me lo impidas. Deja de quitarme vida. 

Voy a correr hasta que mi último suspiro y gota de sudor hagan que todo lo que he sufrido sea nada por todo lo bueno que me queda por hacer aquí. Voy a conseguir hacer las cosas que quiero para demostrarle a todos que siendo débil soy mejor que todas esas cosas que dicen. 

No te exasperes, 
que aunque exagere
a ti siempre
te querré al que más.




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