Salgo de mi caparazón
Entras en un túnel sin saber cómo ni por qué, solo entras. Enciendes las luces y piensas que todo va bien, hasta que cuando llevas un par de kilómetros y se van desvaneciendo, ¿qué está pasando?. Pensabas que con lo que tenías iba a ser suficiente para atravesarlo poco a poco sin problemas pero te equivocabas.
No pasa nada, volvemos a intentarlo, las luces de emergencia, las de cruce, las de posición... nada, no hay ninguna posibilidad más y a ti se te empiezan a quitar las ganas de seguir. Sin darte cuenta empiezas a hacer curvas y zig zags, esquivar obstáculos que...¿existen de verdad?.
Cuándo pensabas que ya lo único que podía venir al final de ese largo túnel era la salida, el camino comienza a ser una pendiente que te arrastra hacia abajo. Freno, freno, cuesta abajo, no lo consigo, golpe, fin del trayecto: se acabó.
La espiral en la que entré hace años a día de hoy no se termina, lo que no se es como no ha conseguido aún que me rinda.
Perder personas como perder las llaves de casa,
"Ya no confío en que te vayas a poner bien", directo en el clavo (y en mi corazón).
Voy a perdonarle muchas cosas a la depresión, pero lo que nunca voy a poder perdonar es no haberme dejado ser yo misma y haberme encerrado entre 4 paredes que a cada palabra que yo decía, más estrechas se hacían.
"SAL A LA CALLE DESPEJATE" es la frase que más he podido escuchar estos años, pero mi cabeza dice que no me merezco superar esto. Me miro al espejo y solo veo decepción: he decepcionado a personas muy importantes para mi, y peor, a mí misma.
El esqueleto de huesos del espejo dice que tiene alma, pero yo no sé la veo, ¿estará jugando?.
Veo veo una personita que cuando lo necesita recurre a cortarse los brazos, ¿estará bien?.
Es más fácil salir corriendo de mi que afrontarme, porque a mi toro no se le puede coger por los cuernos sin que te embista, así que lo entiendo, os entiendo, te entiendo.
Decidle a ese chico de ojos color miel y sonrisa risueña que no importa si no vuelve, que lo entiendo. Que gracias por darme tantos momentos pero que le odio por dejarme sin otros. Que en otra vida y en esta me estoy esforzando en ser mejor para no dañarme y no dañar a nadie, para estar en paz, que quiero que también esté orgulloso.
Decidle que mis noches serán frías sin sus caricias y que mis sábanas sin su colonia son escoria. Que dedicarme versos nunca lo habían hecho y que ahora soy víctima de querer ser el motivo de algunos.
Que estoy enamorada de él de una forma tan bonita que ni yo soy capaz de entender.
A los que intentáis ayudarme: gracias. Gracias por intentar que esta cabeza y cuerpo roto piense que no ha perdido el rumbo aún. Sigo intentándolo y lo seguiré haciendo (o no).
Lo que si se es que hay noches como hoy en las que desvanecerse con la brisa de verano sería mi plan favorito. Elevarme a las estrellas y no sentir nada que me inunde, que me abrume.
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