Un grito dos lamentos, un sollozo, mil tormentos. Ese día me quemaste en el infierno, no te importó no existían los peros. Sábanas que no te daban la bienvenida, partes de mi cuerpo que no te pertenecían. Fortaleza la que quise levantar para no perder la guerra. Dolor que intenté ocultar para acabar con esa pena. Mi cuerpo era mi casa no la tuya, solo quería disfrutar y ahora no hay quien la reconstruya. Los golpes aún retumban, el dolor todavía escuece tus manos me ahogan, pero mi cuerpo NO te pertenece. NO es NO
las estaciones han visto mas lágrimas que cualquiera de mis almohadas tantas despedidas disfrazadas de hasta luego para luego ser amargos hasta siempre me asomo a la ventana por no asomarme a tu cabeza para ver que piensas de verdad para ver qué puedo hacer para que me mires puedo describir con detalles todo el paisaje que ha tenido el trayecto puedo escribir cada uno de tus lunares con boli y en blanco y negro del oeste, al norte, al sur y al este que Europa se me queda corta si tu cuello me abriga cada noche oscura de hostal
"Ahora ven y dime que no quieres ser feliz. Invéntate más excusas para no serlo", se dijo mirándose al espejo. Ella daña su cuerpo, culpándolo de que pasa en su cabeza cuando la pierde. Corre a llorar, aún te queda vida y desesperación para vivir. "¿Qué anhelas?" ni ella lo sabe. Fotografía todo lo que sea más bonito que tú, y luego mira esas imágenes para ver si de verdad merecían la pena. O si de verdad, la merecías tú.
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