Suenan y giran
las agujas del reloj no paran,
rechinan y se estancan
porque llegaron donde araña,
se clavan y duelen
justo donde se retuercen.
Marcan la hora de mi muerte
por si se me olvida (qué ironía),
siempre dan una última vuelta
por si quiero seguir viva.
Segundos que parecen horas,
martirios que no cesan,
pensamientos que trepan hasta las cejas.
El minutero como soga al cuello
marca las doce en punto,
hora de mi entierro.
Comentarios
Publicar un comentario